Disciplina pero de manera respetuosa ¿cómo lo hacemos?

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PAUTAS, NORMAS Y DISCIPLINA A PARTIR DE LOS 24 MESES

No hay duda de que la mayor dificultad a la que se enfrentan los padres de niños pequeños es conseguir que colaboren. Los niños necesitan límites, pero ¿cómo los definimos? El verdadero significado de la disciplina es enseñar y no comienza a aplicarse a los dos años, sino ya al nacer.

Desde el primer momento se establece una relación de confianza hacia el bebé que se siente seguro y con las necesidades cubiertas. Durante su etapa móvil le ha ido guiando para alejarle del peligro y acercarlo a la seguridad y al disfrute.  A partir de los 2 años el niño es más independiente y tenemos que seguir ayudándole a conocer el camino pero añadiendo nuevas estrategias para aprovechar sus crecientes habilidades. Hay 3 pasos que los padres pueden utilizar para inculcar disciplina de manera respetuosa:

  1. Distraerle: Es fácil distraer a un bebé, alejarle del lugar de la acción y darle un juguete, por ejemplo, pero cuanto más mayores se hacen más obstinados se vuelven hacia su objeto de deseo y no se rinden… necesitan algo más.
  2. Redirigir: el modo positivo de guiar al niño. Es la estrategia más comúnmente empleada en los primeros años. Ya no vale alejar al niño, hay que reorientarlo de forma paralela a sus deseos… por ejemplo, si está llorando señalando a las galletas, le podemos dar un poco de fruta, algo que le satisfaga pero que no lleve azúcar ni le quite el hambre. Cuando el niño vaya hablando más se le puede explicar que dejamos la galleta para el postre, aprenderá que aunque no se le dé exactamente lo que pide, se le atenderán sus necesidades si espera un poco. Cuando el niño sólo empieza hablar no sirve de nada sermonearle ni regañarle, los niños de 2 o 3 años aprenden con el cuerpo, de forma que enseñarles las acciones es mejor que enseñarles con palabras. Si te ha tirado del pelo puedes decir “ay, me haces daño” pero lo mejor es coger su mano y hacer que te acaricie el pelo suave, explicándole que suave sí que te gusta. El niño lo nota físicamente y le encantará la reacción positiva que desencadena el estar de acuerdo con otra persona. Cuando el niño domina más el lenguaje se puede redirigir hablando en positivo: “agárrate a la barandilla” en lugar de “no te caigas”…Responderá mejor si le decimos lo que queremos que haga en lugar de lo que NO haga. La actividad y la exploración son señales de salud e inteligencia en el niño pequeño, el hace lo que debe y nuestro trabajo consiste en canalizar su energía y su inteligencia.
  3. la conversación instructiva: Cuando nos damos cuenta de que redirigir ya no sirve (a partir de los 3-4 años) porque ya saben exactamente lo que quieren y se niegan a abandonar su objetivo en ocasiones la respuesta tiene que ser no. Ahora que el niño es más mayor esperamos de él cierto autocontrol, que aprenda a esperar, que acepte un “no” por respuesta, que pida amablemente lo que quiere, que respete los sentimientos de los demás, que no haga daño a los demás con las manos o con las palabras y que siga unas normas.

La conversación instructiva es un método sencillo que puede emplear para que el niño aprenda lo que es correcto, le ayudamos a encontrar nuevas maneras de comportarse que siguen respondiendo a sus necesidades.  Funciona así:  cuando ocurra un problema de comportamiento, detenga la acción, calme al niño y establezca contacto visual. Puede tener un rincón destinado a éste tipo de conversación, vais allí y siéntese esperando que el niño esté preparado para hablar. Con voz firme tenemos que preguntarle:

 

“- ¿qué ha pasado?¿qué has hecho?

Estaba jugando a la pelota y sin querer, he golpeado la lámpara.

– ¿qué pensabas y sentías?

Solo estaba jugando

– ¿qué crees que deberías haber hecho de otra manera?

Jugar fuera con la pelota

-¿qué harías para remediar lo que has hecho?

(eso ha de negociarse: pedir perdón, ayudar a levantar la lámpara, prometer usar bien la pelota en el futuro.. . lo que acuerden)

-¿lo harás ahora?

Si”

Aquí se ha abreviado la conversación, cada fase puede requerir más aclaraciones. Hay que adaptar las expectativas a las capacidades del niño, el objetivo es que su hijo aprenda la lección pero salga de la conversación sintiéndose bien. Se debe disponer de tiempo y estar razonablemente calmado. El objetivo es que el niño ejerza la autodisciplina en el futuro para que los problemas no se repitan. El niño debe de tener la edad adecuada para utilizar éste método lo que significa que tendrá que tener:

-Cierta habilidad lingüística

-Capacidad de comprender palabras como “lo siento” o “he sido yo”

-Saber relacionar la causa con el efecto

No estamos castigando al niño, aunque al crecer, podemos añadir consecuencias naturales. Debe aprender a tener en cuenta sus deseos y también los de los demás y a responsabilizarse de sus acciones. El resultado debería ser que después todos se sientan mejor.

 

Bibliografía: El niño Feliz, los seis primeros años Steve y Shaaron Biddulph

 

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