Los 3 años y el inicio de los miedos

el inicio de los miedos
el inicio de los miedos

 

Los 3 años pueden marcar el inicio de los miedos y  tu hijo quizás empiece a encontrar monstruos y “gente mala” bajo su cama en cuanto se apaguen las luces. Imágenes de la televisión aparentemente inofensivas, un animal en un zoo infantil, o un desconocido que le habla en el autobús puede hacer que se esconda entre tus piernas. Quizás tenga más pesadillas que antes y se muestre inconsolable mientras intentas convencerlo de que el sueño no era real. Las conversaciones sobre la realidad y la fantasía y los esfuerzos por demostrar que algunas de las cosas que dan miedo son de mentira no servirán para nada. Y el “¡te voy a comer!” que el año pasado lo hacía gritar de placer ahora le hace estallar en llanto, especialmente si altera la voz o hace muecas mientras lo persigue.

Todos esos miedos y fobias son la parte negativa de la rica y vívida imaginación de tu hijo. Los niños de esa edad no tienen clara la frontera entre la fantasía y la realidad. Aunque es enternecedor que crea en los Reyes Magos, no los es tanto que salga corriendo porque está convencido de que el ogro de la televisión quiere atraparlo. Incluso cuando jugáis juntos quizás le cueste entender que sólo hace un papel ¡puede llegar a creer que mamá se ha convertido en una bruja!

Los golpes y los arañazos también son miedos habituales, porque caerse en el parque o hacerse cortes en los dedos le han enseñado que es el dolor. Además, a mediados de éste año, cuando ya entienda la mayoría de lo que le dices, se tomará las cosas de una manera más literal. Cuando juguéis al pilla-pilla y le digas que lo vas a comer o como no salga de la bañera se convertirá en uva pasa, no te sorprendas si te responde gritando “no me comas” o “no quiero ser una pasa”.

Hay que prestar atención a lo que el niño ve en televisión, por ejemplo, intentar no poner las noticias con él delante, aunque sea el único momento en el que pueda ponerse al día de la actualidad. Quizás pienses que son inofensivas, porque solamente están de fondo, pero como los niños de esa edad están tan conectados con su entorno, asimilan imágenes y emociones aunque todavía no entiendan las palabras. Hay investigaciones que si un niño ve algo repetido en las noticias, como las mismas imágenes de un puente derrumbado o un terremoto, pueden creer que está sucediendo una y otra vez.

Los “sprays  matamonstruos” o los rituales para buscar brujas y los fantasmas que según tu hijo viven en el armario pueden confirmarle que sus miedos tienen base real; al fin y al cabo si no hubiera serpientes bajo la cama ¿por qué iban papá y mamá a examinar el suelo con una linterna? Por otro lado, no hay que menospreciar los miedos del niño: abrázalo y tranquilízalo diciéndole que los enormes objetos que ve en la oscuridad no son más que la sombra de la estantería (quizás tengas que apagar y encender la luz varias veces o poner una pequeña lucecita por la noche).

Los libros pueden ser de gran ayuda a la hora de enseñarle que no es el único que tiene miedo a la oscuridad o al médico. A la vez que leemos, está bien plantearle preguntas abiertas del tipo “¿por qué el conejo tiene tanto miedo de ir al dentista?” De éste modo reforzará su lenguaje y podrá entender mejor lo que le preocupa.

 

Bibliografia: El secreto del juego, Ann Pleshette Murphy

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